Crónica V
Sexo
Eran aproximadamente las siete de la tarde cuando Vanesa apoyó sus codos y sus antebrazos sobre el mármol, dejando caer su pecho sobre el lavamanos hasta encontrarse cara a cara con el enorme espejo del baño; al mismo tiempo se desabrochaba el jean y ofertaba su cadera en aquel departamento vacío que la inmobiliaria tenia a la venta en el centro de la ciudad.
Con mis manos apuré la caída del pantalón hasta sus rodillas acariciándole las piernas. Después me arrodillé y le corrí la tanga hacia un costado del culo con la mano izquierda. Y unos besos, y ahí mismo la cogí de pie, sin forro y sin frenar hasta que Vanesa acabó y mojó todo el piso mientras temblaba agarrándose las rodillas.
La había conocido una hora antes en una cafetería; ella trabajaba como periodista para un canal de televisión.
Volví a verla dos días después.
El placer de ser deseado. La sed de beber de ella mientras su vientre se retuerce empapando las sábanas y el colchón a las nueve de la mañana; a través de los ventanales puedo escuchar cómo el resto de las personas del mundo caminan en la vereda rumbo a sus trabajos en las oficinas y los comercios, para poder ganar algo de dinero y sobrevivir.
Estamos en la cama transpirados por el calor del verano y Vanesa se recuesta ahora sobre mi pecho, con la pija todavía latiendo adentro de su concha apretada. Ella estira el cuello y adelanta su boca y apenas logra besarme. Después, exhala largamente.