Crónica IX
Precio
Por Belisario Sangiorgio
Cada persona conoce el precio de lo que se gana y de lo que se pierde. Fui agarrando firmeza para el delito cuando comprobé que Dios estaba de mi lado.
La literatura fue el único suceso permanente. Yo pude ser mercenario, militar o policía; pude ser el empresario que proteje a los políticos y pude ser también el delegado sindical que acepta el soborno del empresario.
No quise ser ninguno de todos esos, y al igual que todos esos yo también tuve defectos y virtudes, errores y aciertos.
Cada persona conoce el precio de lo que se gana y de lo que se pierde y yo fui empujado hacia los márgenes dónde me volví un salvaje entre millones de salvajes.
Y una persona que no tiene nada que perder puede aparecer de repente para quitarte tu vida en un día soleado si cometés el error de perturbar su tranquilidad más de lo necesario.
Una mañana de invierno llegué a unas oficinas que los federales tienen en una casona de la zona sur del conurbano para convencer a un fiscal de que me entregara ciertos expedientes confidenciales que yo necesitaba venderle a la prensa.
El fiscal estaba borracho y drogado con cocaína y eran apenas las diez de la mañana, así que no me resultó muy difícil fotocopiar todas las carpetas utilizando una de esas impresoras grandes cuadradas que hay en las oficinas estatales; y después, saludar a la secretaria y salir prolijamente del despacho del segundo piso.